¿Qué Hace Hervir tu Sangre? Descubre Tu Pasión y ¿Cómo Activarla? Quizás, de entrada usted se ha emocionado con este título pensando que el contenido de este escrito tiene pautas para “un cachondeo” más intenso en su relación íntima; o por el contrario, que se trata de un manual eficaz para enviar “al carajo” a alguien que nos cae pesado.  Lamento decepcionarle… pero le prometo que lo tomaré en cuenta. Hoy deseo referirme a una habilidad innata, necesaria para nuestra supervivencia, tan vital como lo es el caminar o hablar.  Es una habilidad que nos inyecta porque abre delante de nosotros la ruta hacia nuestra tierra prometida en tiempo presente.  Este es un poder que evitará que deambulemos entre generalidades; inseguros de qué hacemos y por qué lo estamos haciendo. El ser humano se topa con encrucijadas en cada etapa de su vida: el jovenzuelo en su decisión de qué va a estudiar cuando salga del cole; la joven profesional sobre la propuesta que ha recibido de un nuevo empleo, el “cincuentón”, con la famosa crisis de la edad madura quien está considerando su retiro.  Todos ellos se dan cuenta que, al quemar cada etapa, el acumular bienes materiales, aumentar su capital, adquirir más atestados académicos y un grupo nutrido de “conocidos”, no sacia un vacío que, a pesar de ser desconocido, está allí en la boca del estómago. Excelente la disciplina, los buenos hábitos adquiridos y las metas cumplidas.  Todo esto forma parte de la “batalla” de la VIDA. No obstante, llegamos a cumplir objetivos de una manera mecánica porque “así es como tiene que ser”… pero aún falta “ese no sé qué”. Todos, absolutamente todos, tenemos sed de que nuestra vida tenga significado; de sentir que somos importantes, de que estamos haciendo la diferencia… pero eso no lo suple los logros. Lo suple el propósito. | El propósito es más que un concepto filosófico: es un factor crítico en la salud mental porque influye profundamente en cómo navegamos por los desafíos de la vida. Es una fuerza impulsora que motiva al ser humano a perseguir sus metas y sueños; le da a su vida un sentido de significación y plenitud.  ¡¿Se lo imagina?!  Esto rompe el paradigma que nos han incrustado desde siempre en el cerebro de que «no se vive nunca completamente feliz». Visto desde la realización personal y significado, se vuelve imperativo adoptar un propósito, porque este resulta crucial para alcanzar la autorrealización, la resiliencia y el desarrollo de un carácter que permita al hombre y a la mujer dominar los espacios de su emoción ante los gigantes externos que debe enfrentar. Existe una película protagonizada por Silvester Stallone que se identifica con el tema.  Es la historia del boxeador que, en el pináculo de su carrera, se enfrenta al contrincante más formidable que haya aparecido en su camino: el ruso, Iván Drago. Después de que este mató a su mejor amigo, Rocky se ve moralmente obligado a enfrentarse a un atleta que cuenta con una apariencia física devastadora: mayor estatura, peso, fuerza y resistencia.  Drago es la alteración artificial de la ciencia, por eso, Rocky debe echar mano a su esencia original y concentrarse en sacar lo mejor de sí mismo para superarse a sí mismo a través de las circunstancias y las adversidades.  La pelea tampoco es en su entorno conocido sino en el territorio del enemigo.  Y el método que tiene Rocky de entrenarse contrasta en gran manera con la del ruso Iván y está íntimamente ligado con aquello con lo que cree y con lo que debe hacer.  Hay un detalle clave casi imperceptible en la película.  Él decide poner en la esquina inferior del espejo del maltrecho sanitario, la foto de su contrincante.  Esto alimentará su propósito para poder enfrentar su pelea. ¿Le suena a alguna de sus batallas personales?   La historia de Rocky, de David y Goliat, de los 300 espartanos contra los miles de persas, es una que se repite en su día a día querido lector.  ¡Sí!: lleve en su alforja objetivos, metas, visiones; pero es imprescindible que lleve un propósito poderoso porque este es el que impulsa el resto del arsenal que lleva consigo. El propósito actúa como un amortiguador contra las inevitables dificultades de la vida, ayudándole a usted a mantenerse enfocado en lo que realmente importa permitiéndole hacer frente de manera más efectiva a la adversidad, aportándole una mayor estabilidad emocional y una visión más optimista de la vida. Por eso es que el sentido de propósito es un poderoso catalizador para el crecimiento personal. Ser expertos en el «qué» no es suficiente Muchos tenemos objetivos, metas; nos hemos vuelto expertos en desarrollar visiones y estructuras de tareas que llevamos a su culminación en la mayoría de las veces.  ¡Bien por eso!  Sin embargo, al ser expertos del responder los “qué”, no alcanzamos la trascendencia porque carecemos del “por qué”.  Esta es en esencia, la diferencia que existe entre tener objetivos a tener un propósito. Entender su «por qué» aclara sus metas, alimenta la motivación y sienta las bases para el éxito a largo plazo. Los “qué” simplemente cumplen con el cronograma que una vez alcanzado, se debe de llenar de nuevo con actividades para cumplir con la rutina y la tradición del “simplemente vivir”. Las personas impulsadas por un propósito encuentran el aprendizaje continuo y la superación personal, lo que mejora su satisfacción general y productividad. Le aseguro que si usted tiene un propósito poderoso, experimentará niveles más bajos de ansiedad  y depresión; la resiliencia será la que le acompañe en la pelea y estará mejor equipado para manejar el estrés que supone enfrentarse con el gigante que está al otro lado de su ring. Cuando alineamos las metas diarias con un propósito bien definido, disfrutamos de paz espiritual y esa sensación deliciosa de sentirse vivo y satisfecho, lo cual es algo muy raro en la actualidad.   ¿ Cómo descubrir «eso» que me «hierve la sangre» ? Hay algunos puntos que me han ayudado